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martes, 21 de abril de 2015

MINUTO DE SILENCIO EN REPULSA DEL ASESINATO DE UN PROFESOR

Nos concentramos en el patio de nuestro centro para rendir homenaje a Abel Martínez, asesinado en el instituto Joan Foster, de Barcelona.



Condenamos el acto y la violencia ejercido en el mismo, producto de la irracionalidad de alguien que,  desde el momento inicial, se ha convertido ya en su propia víctima.
Educamos, a pesar de todo, y se podría decir, de casi todos, porque creemos que no existen condicionantes sociales ni educativos insalvables y porque consideramos la educación como una hermosa herramienta de liberación, de transformación personal y social.
Reincidimos en nuestra tarea de educadores a pesar de los fracasos y animados por los éxitos, porque ante el complejo contexto social, seguimos creyendo en la dignidad de la persona, de nuestros alumnos, y defendemos y exigimos que sea también respetada nuestra tarea como profesores y educadores. No hay que tapar lo malo, no, de este mundo que vosotros como alumnos y nosotros como profesores y personal laboral compartimos; hay que denunciarlo y exigir medidas porque el día que se pierda la esperanza en la educación y la fe en lo que hacemos, ese mismo día habrá muerto la educación. Un hecho detestable, injustificable, dramático, deleznable, no puede anular día a día de alumnos y enseñantes que desean aprender y enseñar. No hay otra forma de sobrevivir. Porque enseñar también es sobrevivir: al miedo, al desaliento, a la tristeza, a la depresión personal y social, a la desorientación, a los recortes, y reinventar cada año, cada curso, cada día, con cada grupo y con cada nueva generación que nos llega, cómo transmitir la grandeza de los gigantes a cuyos hombros cabalgamos.
TEXTO DE ROSA CORCHETE, PROFESORA DE FILOSOFÍA

domingo, 24 de enero de 2010

LA FUERZA DE LA NATURALEZA GANA LA BATALLA AL PUEBLO HAITIANO

Terribles imágenes llenan las portadas de periódicos de todo el mundo desde el pasado 12 de enero. El peor terremoto ocurrido en Haití en 240 años sacudió el país caribeño más pobre del continente americano dejando a su paso colegios, hospitales y hogares destrozados y miles de personas sepultadas bajo sus escombros.

El seísmo de magnitud 7,3 en la escala de Richter tuvo su epicentro a 15 kilómetros de la capital, Puerto Príncipe. Desde que el temblor se hizo sentir en la isla, el pánico se apoderó de la población. Mientras unos gritan desesperados con la esperanza de ser ayudados, otros emplean sus débiles fuerzas en buscar a sus familiares o amigos. Sin embargo, el número de fallecidos bajo las terribles consecuencias de la sacudida alcanzan casi los 200.000, y esta cifra asciende con el paso de las horas.

La ayuda procedente de todo el mundo no se hizo esperar, miles, millones de conciencias fueron removidas ante el conocimiento de tal sobrecogedora noticia. Gobiernos de todo el mundo, como Estados Unidos o España han anunciado su completa disposición a aportar la ayuda que sea necesaria al país, enviando tanto militares como equipos médicos y de asistencia a la población en general. Pero las pésimas condiciones de ruina e inseguridad en las que se encuentra el país dificultan en gran medida las labores humanitarias. Los únicos cuerpos de seguridad que recorren las calles son los cascos azules de la ONU. Los cadáveres se acumulan en las calles y fosas comunes y los médicos se ven obligados, en ocasiones, a operar en plena calle.

Los días pasan, la población se ahoga entre escombros, aumenta el sufrimiento, la violencia se incrementa en las calles del asolado país. El pillaje ya forma parte de este ambiente desgarrador. Ciudadanos armados no dudan en atacar y desvalijar a la indefensa población. Por otra parte, la desesperación por conseguir alimento, provoca que el pueblo haitiano se enfrente por los víveres que llegan a la isla.

Mientras, desde el resto de países, familiares y amigos de residentes en la isla intentan desesperadamente contactar con sus allegados aferrándose a la esperanza de que la suerte se haya puesto de su parte. Sin embargo, las líneas telefónicas se han visto gravemente afectadas, lo que hace aumentar la preocupación.

Las mayores noticias nos llegan a través de los periódicos, que muestran imágenes que emiten un desgarrador mensaje: AYUDA.

En estos momentos, toda la atención tiene que estar puesta en ayudar a los supervivientes, identificar a los fallecidos y, en la medida de lo posible, enviar a parte de la población fuera de la isla para evitar pandemias y un mayor sufrimiento.

MARTA BENITO.