miércoles, 23 de abril de 2008

Día del libro: JUAN GELMAN Y EL PREMIO CERVANTES 2008


Seguro que los visteis: nieta, Macarena,y abuelo,Juan Gelman, mirándose tiernamente a los ojos y compartiendo recuerdos agrios del pasado. Él, hurtado reo de muerte de la milicia argentina en el golpe militar de 1976, testigo de los 30000 que sí "desaparecieron"; ella, la nieta robada por los asesinos y entregada a los bárbaros torturadores como hija natural. 33 años le ha costado a este abuelito de cabeza cana y dulces y tristes ojos, hallarla en Uruguay, y volver a sentir el cariño que le robaron al asesinar, tras infames torturas, a los padres de Macarena: su hijo Marcelo y su nuera Claudia. ¿Cómo pudo este hombre, de apariencia tan frágil, arrostrar el dolor de tanta pérdida? Ayer, en su discurso al recibir el premio Cervantes de este año, nos lo desveló: "Ahí está la poesía: de pie contra la muerte". ¡Qué canto más hermoso a favor del espíritu, frente a estos tiempos que corren, tan "mezquinos" y "de penuria", como aseguró el propio escritor.
Quiero dejaros algunas de lasreflexiones que nos entregó en su discurso, invitándoos a que lo leáis entero. Merece la pena: son de los que dicta el alma, no la ocasión.

“¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de 5 años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte.

Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado. La dictadura militar argentina desapareció a 30.000 personas y cabe señalar que la palabra "desaparecido" es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo.

La muerte hospitalizada llega hoy con un cortejo de silencios y mentiras. Y qué decir de los 200.000 civiles de Hiroshima que el coronel Paul Tobbets aniquiló desde la altura apretando un simple botón. Piloteaba un aparato que bautizó con el nombre de su madre, arrojó la bomba atómica y después durmió tranquilo todas las noches, dijo. Pocos conocen el nombre de las víctimas cuya vida el coronel había segado. La muerte se ha vuelto anónima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. Así se da en Irak.

En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahí está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego.

Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado.

¿Cuántas palabras aún desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía.
Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que les dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie.

El poeta no vive para escribir. Escribe para vivir”.