viernes, 11 de enero de 2013

“Los enamoramientos”, de Javier Marías


No soy quién, sea por mi edad, sea por mis pocas vivencias personales, para juzgar esta obra como lo haría alguien que fuera capaz de valorar todo lo que escribe el señor Javier Marías. Por otra parte mi condición natural femenina es indispensable para poder conocer a fondo el relato; no queriendo decir con esto que un hombre no pueda leerlo y entenderlo puesto que, y esto es lo más sorprendente, es una novela sobre el pensamiento de una mujer escrita por uno de ellos. Podríamos creer que esos pensamientos no se acercan a los de una fémina, pero nada más lejos de la realidad; o también podríamos pensar, cuando nos atrevamos a leerla, que una buena mujer ha debido abrir su mente a este, prácticamente, poeta en prosa.

La novela, en sí, no tiene un argumento fulgente: una joven pasa los días viendo a los que para ella son la pareja perfecta, hasta que el constituyente de la pareja muere y nuestra joven entabla amistad con la otra componente, además de con otras personas que la rodean. A partir de este punto el argumento comienza a intensificarse ya que nuestra joven prudente descubrirá hechos sobre el “cese” del primer constituyente. De otra forma contado: chica sin vida observa a una pareja con mucha vida y vive de la vida de la pareja hasta que a la pareja se le acaba la vida y, en consecuencia, la chica sin vida comienza a vivir su propia vida.

Será (o sería, porque el volumen de su novela lo impide) uno de esos escritores de lectura obligatoria. En ocasiones, (resalta sobre todo en la primera parte de la novela) nos encontramos con grandilocuentes reflexiones sobre la muerte, las parejas, los enamoramientos, los deseos… Y por otra parte, soliloquios (para mí, muchas veces monólogos) sobre lo que alguien podría o no haber dicho en un momento de aquella conversación, de aquel instante, de ese día (ellas entenderán mejor esta parte).

Miedo deberíamos tener algunas viendo que lo que pensamos pueda estar en la mente, no solo de un hombre, sino de tantos contagiados por Javier Marías. O quizás indiferencia. O, ¿por qué no?, quizás esperanza al comprobar, al fin, que parte del complejo pensamiento femenino es entendido (o al menos leído) por unos cuantos.


Laura González Pérez, 2º CTA