miércoles, 7 de noviembre de 2007

Claridad roja
Feliz la visión del lacerado.
Su sangre, manantial herido,
seminal fuente de vida,
confunde azules de ópalo
con terrosas avaricias del pasado.
Y, calladamente, en el cuenco de mi mano,
dibujo con el rojo de sus glóbulos
el futuro de mis estupores.
La vida aguarda.
Ricardo